miércoles, 28 de diciembre de 2016

Capítulo Cuatro

El día que Tira  empezó a llevar  sus esculturas  a la  galería de  Bob  Henderson, Illuminatíons,  llovía.  Estaba  tan deprimida  que ni  siquiera  notaba las  gotas de  agua  en el  rostro.  Sólo faltaban dos semanas  para  Navidad y se sentía  triste  y  sola.  Unos meses  antes  habría  llamado por  teléfono a  Tom para  almorzar  juntos,  pero ya  no podía  hacerlo. Estaba sola.  Sólo  podía  contar  con  Charles;  pero  aunque  lo  quería  mucho, era  como salir  con  un  hermano. Se acercó  con  la  última  caja  a la  puerta trasera de la galería,  que Lilliam Day estaba sujetando  para que pasara. -Ésta es  la última, Lilliam -le  dijo  Tira  mirando a su  alrededor,  examinando  el abigarrado  almacén-. Casi  no  puedo creer que haya podido  hacer  todo  esto. -Sí,  es  mucho trabajo -Lilliam  sonrió.  Lilliam  se  agachó al  lado de una  de las cajas y frunció el  ceño al ver  lo que  había  dentro. -¿Quieres  incluir  esta  pieza? -preguntó  Lilliam  indicando el  busto de Tom. -Sí,  quiero  incluirla.  No  la  quiero,  me  gustaría  venderla. Sabiamente, Lilliam  no hizo  más  comentarios  al  respecto. -En ese caso,  la  colocaré junto  a las  demás.  Los catálogos ya  están  impresos  y han quedado  perfectos,  lo he comprobado  personalmente. Todo está listo,  incluyendo el cóctel de  la  inauguración  y el  aviso a los  medios de comunicación.  El buffet  estará decorado con motivos navideños. Medios  de  comunicación.  Tira apretó  los  dientes. No  soportaba la  idea de ver a ningún  miembro  de  la  prensa. Lilliam  se  dio cuenta  de su  aprensión. -No te  preocupes,  los  he seleccionado.  Nadie te va  a hacer preguntas capciosas,  y todo lo  que van a publicar  va a  ser  sobre  la  exposición,  nada  más. Tira se  relajó visiblemente. -¿Qué  haría yo sin ti?  -preguntó  con sinceridad. Lilliam sonrió traviesamente. -Ni  se  te  ocurra intentarlo.  Estamos  encantados  de que  expongas  aquí. Dado que  Tom era socio de Bob  Henderson  en la  galería de arte, a Tira  le importaba su opinión sobre la muestra. No habían  hablado desde el  día de la  fiesta, Tira  no  había  contestado a su  llamada  telefónica, y  había temido  que  quisiera suspender  la exposición por ello,  pero  Tom no lo había hecho. A pesar  de  los esfuerzos,  los  sentimientos  de  Tira  por  él  no habían cambiado, seguía estando tan enamorada  como  siempre;  sin embargo,  ahora  lo disimulaba mejor. La noche de  la inauguración llegó.  Tira estaba hecha  un  manojo  de  nervios y se alegro  de que Charles estuviera  a  su  lado,  aunque no por Tom, no creía que  asistiera  a la inauguración  habiendo  allí  periodistas. Sin embargo,  el  destino  le jugó  una mala  pasada, privándola  de  la compañía  de Charles  que,  en  el último  momento y visiblemente  consternado, llamó  para  decir que no podía acompañarla. -No puedes  hacerte  idea  de  lo  mucho  que  lo  siento, pero a Gene  le ha  dado un infarto. -Oh, Charles, lo  siento. -No tienes  por  qué  sentirlo, sabes que no  nos  tenemos mucho cariño. Pero es  mi hermano y  no hay nadie más  que  pueda cuidarlo, no  puedo dejar  a Nessa  sola  en esta situación.
-¿Cómo está? -Por  el  momento,  sin cambios.  Ahora mismo  me  voy al  hospital.  Nessa  está  con él y Gene le está  haciendo  la  vida imposible,  como de  costumbre, a pesar  de  estar  en la cama. -Si puedo  hacer algo... -Gracias, Tira,  pero de  momento no puedes  hacer  nada.  Siento  no  poder acompañarte. De  todos  modos,  no  creo  que  Tom vaya.  Tú  no  te apartes  de Lilliam,  ella te cuidará  bien. Tira sonrió. -Sí, lo sé. Bueno,  llámame para  decirme cómo sigue  todo, ¿de acuerdo? -Por  supuesto.  Adiós. Era  la primera  vez que  Tira  iba  a  aparecer en público  sola después  del  escándalo del  supuesto  intento de  suicidio y  seguía sintiéndose  incómoda con  la gente. En  fin,  al  menos  Tom  no estaría  allí para  complicar  las  cosas, pensó  Tira .mientras se montaba  en su  Jaguar. La galería estaba a  rebosar.  No  era difícil  identificar a  las  personas que podían pagar  los  cuatro  dígitos que las  esculturas  costaban  de las  que no podían  hacerlo.  Tira fingió  no notarlo.  Aceptó  una  copa  de caro champán, se bebió  la  mitad y,  con Lilliam, fue a charlar  con los invitados. No  le  ayudó mucho  que  las  dos primeras  personas  a  las  que  vio  fueran Tom  y Jill.  -Oh,  Dios  mío  -murmuró  apretando  los dientes—.  ¡Por qué ha tenido  que venir! Lilliam  le  agarró  del  brazo. -No dejes  que te  intimide. ¡Sonríe, cielo!  Sobreviviremos. -¿Lo crees  de  verdad? Tira consiguió sonreír fríamente  cuando  Tom y Jill  se  plantaron delante de  ella y Lilliam. -Ha  sido  un  detalle  por  tu  parte  venir  a la  inauguración  —le  dijo  Lilliam  a  Tom. Tom la  miró. -Teniendo  en  cuenta  que soy dueño de  la  mitad del  negocio,  se  habría notado mucho  -después,  volvió  la  atención  a  Tira-.  ¿Has  venido  sola?  ¿Dónde  está  tu  rubia sombra? Tira sabía  que se  refería  a Charles. -No ha podido venir. -¿A  la inauguración  de tu exposición? Tira  respiró profundamente. -A su hermano  le ha dado un infarto y está  en el  hospital,  si es  que tanto te interesa. Los  ojos de  Tom  brillaron  momentáneamente. -Y  tú has  tenido que  venir  aquí en vez  de estar  a  su  lado,  qué  pena. -No necesita  a alguien  a su  lado, quien  lo necesita  es Nessa. Jill  se acercó  más  a  Tom. -Hemos  venido  para echar un  rápido vistazo  a tu trabajo... de camino  a la ópera -dijo  Jill  mirando  al  alto  hombre  que  la  acompañaba.
Tira bajó la  mirada  momentáneamente.  Le  encantaba  la  ópera. En el  pasado, había ido  con  Tom en  numerosas ocasiones.  Sintió  una  profunda  opresión  en  el  pecho. -¿Ya  no  vas  a  la ópera?  -le preguntó  Tom a  Tira  fríamente. Ella  se  encogió  de  hombros. -No tengo  tiempo. -Ya lo  he notado. Ni siquiera  tuviste  tiempo para llamarme  para  ver cómo  estaba después  de que  ese lunático  se  volviera loco en el  juicio. Tira  no podía  mirarlo. -No se  puede hacer  daño a alguien  que  es  de acero. -Y tú estabas  fuera del país  cuando  ocurrió.  Por fin,  Tira  alzó  el rostro y lo  miró a los ojos. -Sí,  estaba  en Nassau con  Charles divirtiéndome. Los  ojos de  Tom  echaron chispas. Antes  de que  la  discusión se  saliera de  tono, Lilliam se interpuso entre ambos diplomáticamente. -¿Has  tenido  tiempo  de  echar un  vistazo?  -le preguntó a Tom. -Hemos  visto  casi  todo  -respondió  Jill  por él-. Incluso el busto  de Tom, aunque me extraña que  lo  quiera  vender. Yo no me  separaría  de algo tan  personal, teniendo en cuenta su  amistad.  En  fin, dadas  las  circunstancias... Automáticamente,  Tira echó el brazo hacia atrás  con la intención  de  tirarle la copa de champán  a  la  cara,  pero  Tom  le  agarró la  muñeca. -Nada  de peleas  -le dijo  apretando los  dientes, después  miró a  Jill-. Jill, espérame  a la  salida, ¿de acuerdo? -Está bien, como quieras.  ¡Dios mío, qué agresiva  es! -pero se  alejó  de  allí rápidamente. -¡Haz el  favor de controlar  los nervios!  -le  ordenó  Tom a  Tira-. ¿Es  que no te das  cuenta de  que  los  periodistas te están mirando? -Me  importan un bledo  los periodistas -le  espetó ella-.  Si esa  mujer vuelve  a acercarse a mí otra  vez, te juro  que  le  tiraré  el  cuenco  de  ponche  a la cabeza. Tom le  soltó  la  muñeca, sus  ojos  brillaron. -Sí, este comportamiento es  más propio de ti.  Tira se  ruborizó, notando que  Lilliam  se alejaba de  ella  para  dejarla a solas con  Tom. -¿Por qué  has venido? -le preguntó  ella  furiosa. -Para  no  dar  lugar a  que  la gente especule  sobre por qué no  he  asistido  a la inauguración -explicó  él-. Sería  perjudicial  para  ambos,  teniendo  en  cuenta  lo  que  ya se ha  publicado sobre nosotros. Tira alzó  el rostro  y lo  miró  fríamente cuando  el  se refirió  a  lo  que ella  quería olvidar. -Ya  has cumplido, así que  márchate.  Y llévate  a  esa bruja. -¿Celosa? La  expresión de Tira  endureció. -¡Ni lo  sueñes!
Simón  la  contempló con  expresión  extrañamente taciturna. -Has  adelgazado  -observó  él-.  Tienes  más  aspecto de  viuda  que de celebridad esta  noche. ¿Por  qué vas  vestida  de  negro? -Porque  me  he  dado  cuenta  de que  tenías razón, debería  haber llorado  la  muerte de  mi  marido. Como  no  lo  hice antes,  lo  hago ahora. Creo  que voy a  pasarme  el resto  de la vida llorándolo,  jamás volveré a  mirar  a  otro  hombre. ¿Contento?  Tom frunció el ceño. -Tira... -¡Tira! Los  dos  se volvieron al oír  aquella voz  tan  familiar.  Harry  Beck,  el  suegro de  Tira, se  acercó  a ellos  sonriendo y abrazó  a  su nuera.  Luego le  estrechó la  mano  a  Tom. -¡Me  alegro  de  veros a los dos!  -Harry  los  saludó con entusiasmo-.  Muñeca,  te  has superado a ti misma. Harry indicó  las esculturas y añadió: -Siempre he  sabido  que tenías  mucho talento,  pero  esto  es  propio de un  genio. A  Tom le  sorprendió  el  sincero entusiasmo de Harry  por  la obra de Tira, le sorprendió  su  falta  de  hostilidad  hacia ella.  ¿Acaso  no  le  importaba  que  esa mujer hubiera  matado  a su  hijo? -Me  alegro  de verte, Tom  -dijo  Harry  con  una sonrisa-. Hacía mucho  que no nos veíamos. -Tom  se  va ya,  lo están esperando  -anunció  Tira  mirándolo  fijamente. -Tira, alguien te  está  llamando  -le  dijo  Harry a su  nuera,  indicando  a Lilliam que agitaba la  mano  en  su  dirección desde  el otro extremo  de  la sala. -Ah, sí, es  Lilliam. Harry, te  ruego que me  disculpes  -pero ignoró  por  completo  a Tom. Los  dos hombres se  la  quedaron  mirando mientras  se  alejaba. -Me alegro  de ver que tiene  mejor aspecto -dijo Harry  con un suspiro-. Desde lo del hospital me  tenía  muy preocupado. -¿En  serio te  importa lo  que le  pase?  -le  preguntó  Tom con  curiosidad. Se  hizo  evidente  que  la pregunta  tomó  por  sorpresa  a  Harry. -¿Cómo no iba  a  importarme? Es  mi  nuera,  siempre  la he tenido  mucho cariño. -Se  divorció  del John al  mes  de  casarse  y le  dejó  marchar  a esa plataforma  en  el mar  -contestó Tom-. John  murió allí. Harry se  lo  quedó  mirando. -Bien,  pero  Tira  no tiene  la culpa. -¿No? -¿Por qué  tanta amargura? —quiso  saber  Harry-.  Pero bueno, Tom,  ¿acaso crees que  Tira  no  intentó cambiarlo?  John debería  haberle  confesado la  verdad antes de casarse  en  vez  de dejar  que  se  enterase  de  esa manera. Tom no  comprendió. -¿Enterarse de  qué? Jill lanzó  una furiosa  mirada a  Tom desde  la  puerta, pero  éste,  con  un  gesto, le indicó que  esperase  un  momento más; después,  se volvió  a Harry  de  nuevo. -¿Enterarse de  qué?  -repitió  Tom. -De  que  John era homosexual,  por  supuesto  -respondió  Harry sorprendido. Tom palideció visiblemente. -¿Tira  no  te  lo  había  dicho?  —preguntó  Harry antes de  suspirar-.  Típico  de ella. Supongo  que no quería  desilusionarte,  aunque ello significara que le perdieras  el respeto a ella.  No,  supongo  que no podía decírtelo. Si John hubiera aceptado lo que era... pero  no  lo  hizo.  John quería ser  lo  que  creía  que  yo  quería  que  fuese, nunca comprendió  que yo lo  quería,  y siempre lo  querría,  al  margen  de sus inclinaciones sexuales. Tom volvió  el rostro  y  sus  ojos encontraron a Tira,  y  sintió  un profundo  dolor. -¡Dios mío! -exclamó  Tom al  darse  cuenta  de  lo  que  había  hecho. -Vamos, Tom, no te  pongas  así  -le dijo  Harry-. Lo que le pasó  a  John  no  fue culpa  de nadie. Aunque  quizá yo  sí  sea culpable en parte,  debería  haberme  dado cuenta de lo  preocupado  que él  estaba y haber  hecho  algo  por  ayudarlo. Tom lanzó  un suspiro.  Qué idiota  había  sido. -Tira debería habértelo dicho -continuó Harry-.  Eres  un adulto  y,  como tal, no necesitas que te  protejan de  la  verdad.  Pero Tira  siempre ha sido así, incluso con John,  siempre tratando  de  protegerlo. Tira  habría  continuado casada  de no  ser  porque John insistió en que  se divorciaran. -Yo creía  que era ella quien  había  pedido  el  divorcio. -Lo  hizo  John  en  nombre  de  ella.  Tom  se  pasó  una  mano  por  el  cabello.  Sudaba, debía ser  porque  hacía  calor  en  la  galería. -¿Te encuentras  bien?  -le preguntó  Harry preocupado. -Sí,  estoy  bien. Era  mentira, jamás volvería  a estar bien.  Miró  a  Tira  con expresión  de  suma angustia. Ella  no  lo  miró. Jill,  notando que  había un  problema,  se  acercó  a Tom  y  le agarró del  brazo. -¿Nos  vamos ya?  Vamos a  llegar  con  la  ópera  empezada. -Sí,  vamonos -respondió  Tom. Tom miró  a  Jill  y  se  dio cuenta  de  una  cosa  más en  contra  suya: estaba  saliendo con la peor enemiga  de  Tira  en aquella ciudad. Por  supuesto,lo había  hecho intencionadamente, para molestar  a  Tira.  Ahora, ‘después de  conocer la verdad,  se sintió  culpable. -Hola.  Soy Jill  Sinclair, ¿nos  conocemos?  -preguntó  Jill  a Harry sonriendo. -No,  no  nos conocíamos.  Yo... -Bueno, vamonos -interpuso  Tom bruscamente-.  Hasta  la  vista,  Harry. -Bien, hasta  la  vista.  Buenas noches. -¿Quién es? -le  preguntó  Jill  a Tlm mientras se  dirigían  a la  puerta. -Un viejo  amigo. Oye,  espera  un  momento, enseguida  vuelvo. -¡Tom..,! -Es un  momento -le prometió él.
Tom  se  acercó  a una de las  vendedoras  de la galería.  La  petición  que le hizo sorprendió  a  la  mujer, pero  accedió.  Al  cabo de  un minuto,  volvió al  lado  de Jill  y  ambos salieron  de la galería. -La  mitad de  las  esculturas  están  vendidas  ya  -murmuró Jill-.  Va  a  ganar  una fortuna con  la  exposición. -El  dinero  que saque  lo  va  a  donar a  un  hospital -respondió  Tom en  tono ausente. -Puede permitírselo. Además,  ayudará  a  mejorar  su imagen,  cosa  que necesita desesperadamente. -Ése  no  es el  motivo  por el que va a dar  el dinero de la exposición  -repuso Tom.  Jill  se  encogió de  hombros. -Lo  que tú digas,  querido.  ¡Oh, qué  frío!  Sólo  faltan  dos  semanas  para  la  Navidad -Jill alzó  el rostro  para  mirarlo-. Espero que  me  regales  algo  bonito. -Yo que tú  no contaría  con ello.  Lo  más seguro es  que no  pase aquí  la Navidad -respondió Tom  con  poca  sinceridad. Jill suspiró. —Bueno,  qué se le va  a hacer. Puede que vaya a Connectícut  a pasar  la Navidad con mi tía.  ¡Me encanta  la nieve! Tira vio a  Tom marcharse con  Jill. Se  alegraba de que  se hubiera  ido,  quizá ahora pudiera  disfrutar. Lillian  le  estaba  lanzando  extrañas  miradas;  y  cuando  Harry  se  acercó  a  ella  para despedirse,  también  parecía estar  raro. -¿Qué  pasa, Harry? -le  preguntó Tira. Harry decidió no decir  nada, era  mejor  que  lo  hiciera Tom.  Además, estaba cansado  de  hablar del  pasado, era  demasiado  doloroso. Harry  sonrió  a su  nuera. -Cielo, es  una magnífica exposición,  vas a  ganar  una fortuna. -Gracias, Harry.  Lo he  pasado  muy bien  preparándola. Llámame, ¿de  acuerdo? Harry se inclinó hacia  ella  y  le dio  un  beso en  la mejilla. -Sabes que lo  haré.  ¿Cómo  está  Charlie? -Su  hermano  ha  sufrido un  infarto.  Está  pasando  un mal  momento. -Cuánto lo  siento.  Charlie siempre  me ha caído  bien. -Le diré  que  le mandas  recuerdos  -dijo  Tira. Harry sonrió. -Sí,  díselo.  Bueno, cuídate. -Y  tú  también. Hacía el  final de la velada, Tira estaba más tranquila,  a pesar  del  doloroso recuerdo  de  su  discusión  con  Tom y  de los  insidiosos comentarios  de Jill. Los imaginó  a  los  dos en el  lujoso piso  de Tom entregándose  a  una  ardiente  pasión.  La imagen  la  hizo sentirse  enferma.  Tom nunca  la  había besado, nunca  la había acariciado.  Tira  llevaba  años  viviendo como  una religiosa reclusa,  con el  corazón y el orgullo destrozados.
-¡Qué éxito!  -exclamó  Lilliam entusiasmada,  sacando a  Tira  de  su ensimismamiento-.  Has vendido  tres  cuartas  partes  de  la  obra. -Sí, estoy encantada -dijo Tira  con sinceridad-. Todo el  dinero  va  a ir  al Saint Marks. -Van a estar  encantados. Tira  estaba  paseándose  por  la  galería con  el encargado. La  mayoría  de  la  gente se había  marchado,  algunos  rezagados  se estaban dirigiendo a la  puerta. Tira  vio que el busto de  Tom  tenía  la  señal  de «vendido» y  el corazón  le  dio un  vuelco. -¿Quién lo ha  comprado? -preguntó  Tira-.  No ha  sido Jill  Sinclair, ¿verdad? -No -le  aseguró  Lilliam-. No  sé  quién  lo ha comprado;  si  quieres,  puedo ir  a  mirar. -No, gracias,  no  es necesario  -respondió Tira, reprimiendo  su  curiosidad-.  Me  da igual  quién  lo haya comprado, lo  único  que  quiero  es  tenerlo fuera  de mi  vista. ¡Y tampoco  quiero  volver a ver a  Tom  en  la  vida! Lilliam  suspiró, pero  luego sonrió  a  Tira  y  le  ofreció  un café.

Otro mas :)

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