El día que Tira empezó a llevar sus esculturas a la galería de Bob Henderson, Illuminatíons, llovía. Estaba tan deprimida que ni siquiera notaba las gotas de agua en el rostro. Sólo faltaban dos semanas para Navidad y se sentía triste y sola. Unos meses antes habría llamado por teléfono a Tom para almorzar juntos, pero ya no podía hacerlo. Estaba sola. Sólo podía contar con Charles; pero aunque lo quería mucho, era como salir con un hermano. Se acercó con la última caja a la puerta trasera de la galería, que Lilliam Day estaba sujetando para que pasara. -Ésta es la última, Lilliam -le dijo Tira mirando a su alrededor, examinando el abigarrado almacén-. Casi no puedo creer que haya podido hacer todo esto. -Sí, es mucho trabajo -Lilliam sonrió. Lilliam se agachó al lado de una de las cajas y frunció el ceño al ver lo que había dentro. -¿Quieres incluir esta pieza? -preguntó Lilliam indicando el busto de Tom. -Sí, quiero incluirla. No la quiero, me gustaría venderla. Sabiamente, Lilliam no hizo más comentarios al respecto. -En ese caso, la colocaré junto a las demás. Los catálogos ya están impresos y han quedado perfectos, lo he comprobado personalmente. Todo está listo, incluyendo el cóctel de la inauguración y el aviso a los medios de comunicación. El buffet estará decorado con motivos navideños. Medios de comunicación. Tira apretó los dientes. No soportaba la idea de ver a ningún miembro de la prensa. Lilliam se dio cuenta de su aprensión. -No te preocupes, los he seleccionado. Nadie te va a hacer preguntas capciosas, y todo lo que van a publicar va a ser sobre la exposición, nada más. Tira se relajó visiblemente. -¿Qué haría yo sin ti? -preguntó con sinceridad. Lilliam sonrió traviesamente. -Ni se te ocurra intentarlo. Estamos encantados de que expongas aquí. Dado que Tom era socio de Bob Henderson en la galería de arte, a Tira le importaba su opinión sobre la muestra. No habían hablado desde el día de la fiesta, Tira no había contestado a su llamada telefónica, y había temido que quisiera suspender la exposición por ello, pero Tom no lo había hecho. A pesar de los esfuerzos, los sentimientos de Tira por él no habían cambiado, seguía estando tan enamorada como siempre; sin embargo, ahora lo disimulaba mejor. La noche de la inauguración llegó. Tira estaba hecha un manojo de nervios y se alegro de que Charles estuviera a su lado, aunque no por Tom, no creía que asistiera a la inauguración habiendo allí periodistas. Sin embargo, el destino le jugó una mala pasada, privándola de la compañía de Charles que, en el último momento y visiblemente consternado, llamó para decir que no podía acompañarla. -No puedes hacerte idea de lo mucho que lo siento, pero a Gene le ha dado un infarto. -Oh, Charles, lo siento. -No tienes por qué sentirlo, sabes que no nos tenemos mucho cariño. Pero es mi hermano y no hay nadie más que pueda cuidarlo, no puedo dejar a Nessa sola en esta situación.
-¿Cómo está? -Por el momento, sin cambios. Ahora mismo me voy al hospital. Nessa está con él y Gene le está haciendo la vida imposible, como de costumbre, a pesar de estar en la cama. -Si puedo hacer algo... -Gracias, Tira, pero de momento no puedes hacer nada. Siento no poder acompañarte. De todos modos, no creo que Tom vaya. Tú no te apartes de Lilliam, ella te cuidará bien. Tira sonrió. -Sí, lo sé. Bueno, llámame para decirme cómo sigue todo, ¿de acuerdo? -Por supuesto. Adiós. Era la primera vez que Tira iba a aparecer en público sola después del escándalo del supuesto intento de suicidio y seguía sintiéndose incómoda con la gente. En fin, al menos Tom no estaría allí para complicar las cosas, pensó Tira .mientras se montaba en su Jaguar. La galería estaba a rebosar. No era difícil identificar a las personas que podían pagar los cuatro dígitos que las esculturas costaban de las que no podían hacerlo. Tira fingió no notarlo. Aceptó una copa de caro champán, se bebió la mitad y, con Lilliam, fue a charlar con los invitados. No le ayudó mucho que las dos primeras personas a las que vio fueran Tom y Jill. -Oh, Dios mío -murmuró apretando los dientes—. ¡Por qué ha tenido que venir! Lilliam le agarró del brazo. -No dejes que te intimide. ¡Sonríe, cielo! Sobreviviremos. -¿Lo crees de verdad? Tira consiguió sonreír fríamente cuando Tom y Jill se plantaron delante de ella y Lilliam. -Ha sido un detalle por tu parte venir a la inauguración —le dijo Lilliam a Tom. Tom la miró. -Teniendo en cuenta que soy dueño de la mitad del negocio, se habría notado mucho -después, volvió la atención a Tira-. ¿Has venido sola? ¿Dónde está tu rubia sombra? Tira sabía que se refería a Charles. -No ha podido venir. -¿A la inauguración de tu exposición? Tira respiró profundamente. -A su hermano le ha dado un infarto y está en el hospital, si es que tanto te interesa. Los ojos de Tom brillaron momentáneamente. -Y tú has tenido que venir aquí en vez de estar a su lado, qué pena. -No necesita a alguien a su lado, quien lo necesita es Nessa. Jill se acercó más a Tom. -Hemos venido para echar un rápido vistazo a tu trabajo... de camino a la ópera -dijo Jill mirando al alto hombre que la acompañaba.
Tira bajó la mirada momentáneamente. Le encantaba la ópera. En el pasado, había ido con Tom en numerosas ocasiones. Sintió una profunda opresión en el pecho. -¿Ya no vas a la ópera? -le preguntó Tom a Tira fríamente. Ella se encogió de hombros. -No tengo tiempo. -Ya lo he notado. Ni siquiera tuviste tiempo para llamarme para ver cómo estaba después de que ese lunático se volviera loco en el juicio. Tira no podía mirarlo. -No se puede hacer daño a alguien que es de acero. -Y tú estabas fuera del país cuando ocurrió. Por fin, Tira alzó el rostro y lo miró a los ojos. -Sí, estaba en Nassau con Charles divirtiéndome. Los ojos de Tom echaron chispas. Antes de que la discusión se saliera de tono, Lilliam se interpuso entre ambos diplomáticamente. -¿Has tenido tiempo de echar un vistazo? -le preguntó a Tom. -Hemos visto casi todo -respondió Jill por él-. Incluso el busto de Tom, aunque me extraña que lo quiera vender. Yo no me separaría de algo tan personal, teniendo en cuenta su amistad. En fin, dadas las circunstancias... Automáticamente, Tira echó el brazo hacia atrás con la intención de tirarle la copa de champán a la cara, pero Tom le agarró la muñeca. -Nada de peleas -le dijo apretando los dientes, después miró a Jill-. Jill, espérame a la salida, ¿de acuerdo? -Está bien, como quieras. ¡Dios mío, qué agresiva es! -pero se alejó de allí rápidamente. -¡Haz el favor de controlar los nervios! -le ordenó Tom a Tira-. ¿Es que no te das cuenta de que los periodistas te están mirando? -Me importan un bledo los periodistas -le espetó ella-. Si esa mujer vuelve a acercarse a mí otra vez, te juro que le tiraré el cuenco de ponche a la cabeza. Tom le soltó la muñeca, sus ojos brillaron. -Sí, este comportamiento es más propio de ti. Tira se ruborizó, notando que Lilliam se alejaba de ella para dejarla a solas con Tom. -¿Por qué has venido? -le preguntó ella furiosa. -Para no dar lugar a que la gente especule sobre por qué no he asistido a la inauguración -explicó él-. Sería perjudicial para ambos, teniendo en cuenta lo que ya se ha publicado sobre nosotros. Tira alzó el rostro y lo miró fríamente cuando el se refirió a lo que ella quería olvidar. -Ya has cumplido, así que márchate. Y llévate a esa bruja. -¿Celosa? La expresión de Tira endureció. -¡Ni lo sueñes!
Simón la contempló con expresión extrañamente taciturna. -Has adelgazado -observó él-. Tienes más aspecto de viuda que de celebridad esta noche. ¿Por qué vas vestida de negro? -Porque me he dado cuenta de que tenías razón, debería haber llorado la muerte de mi marido. Como no lo hice antes, lo hago ahora. Creo que voy a pasarme el resto de la vida llorándolo, jamás volveré a mirar a otro hombre. ¿Contento? Tom frunció el ceño. -Tira... -¡Tira! Los dos se volvieron al oír aquella voz tan familiar. Harry Beck, el suegro de Tira, se acercó a ellos sonriendo y abrazó a su nuera. Luego le estrechó la mano a Tom. -¡Me alegro de veros a los dos! -Harry los saludó con entusiasmo-. Muñeca, te has superado a ti misma. Harry indicó las esculturas y añadió: -Siempre he sabido que tenías mucho talento, pero esto es propio de un genio. A Tom le sorprendió el sincero entusiasmo de Harry por la obra de Tira, le sorprendió su falta de hostilidad hacia ella. ¿Acaso no le importaba que esa mujer hubiera matado a su hijo? -Me alegro de verte, Tom -dijo Harry con una sonrisa-. Hacía mucho que no nos veíamos. -Tom se va ya, lo están esperando -anunció Tira mirándolo fijamente. -Tira, alguien te está llamando -le dijo Harry a su nuera, indicando a Lilliam que agitaba la mano en su dirección desde el otro extremo de la sala. -Ah, sí, es Lilliam. Harry, te ruego que me disculpes -pero ignoró por completo a Tom. Los dos hombres se la quedaron mirando mientras se alejaba. -Me alegro de ver que tiene mejor aspecto -dijo Harry con un suspiro-. Desde lo del hospital me tenía muy preocupado. -¿En serio te importa lo que le pase? -le preguntó Tom con curiosidad. Se hizo evidente que la pregunta tomó por sorpresa a Harry. -¿Cómo no iba a importarme? Es mi nuera, siempre la he tenido mucho cariño. -Se divorció del John al mes de casarse y le dejó marchar a esa plataforma en el mar -contestó Tom-. John murió allí. Harry se lo quedó mirando. -Bien, pero Tira no tiene la culpa. -¿No? -¿Por qué tanta amargura? —quiso saber Harry-. Pero bueno, Tom, ¿acaso crees que Tira no intentó cambiarlo? John debería haberle confesado la verdad antes de casarse en vez de dejar que se enterase de esa manera. Tom no comprendió. -¿Enterarse de qué? Jill lanzó una furiosa mirada a Tom desde la puerta, pero éste, con un gesto, le indicó que esperase un momento más; después, se volvió a Harry de nuevo. -¿Enterarse de qué? -repitió Tom. -De que John era homosexual, por supuesto -respondió Harry sorprendido. Tom palideció visiblemente. -¿Tira no te lo había dicho? —preguntó Harry antes de suspirar-. Típico de ella. Supongo que no quería desilusionarte, aunque ello significara que le perdieras el respeto a ella. No, supongo que no podía decírtelo. Si John hubiera aceptado lo que era... pero no lo hizo. John quería ser lo que creía que yo quería que fuese, nunca comprendió que yo lo quería, y siempre lo querría, al margen de sus inclinaciones sexuales. Tom volvió el rostro y sus ojos encontraron a Tira, y sintió un profundo dolor. -¡Dios mío! -exclamó Tom al darse cuenta de lo que había hecho. -Vamos, Tom, no te pongas así -le dijo Harry-. Lo que le pasó a John no fue culpa de nadie. Aunque quizá yo sí sea culpable en parte, debería haberme dado cuenta de lo preocupado que él estaba y haber hecho algo por ayudarlo. Tom lanzó un suspiro. Qué idiota había sido. -Tira debería habértelo dicho -continuó Harry-. Eres un adulto y, como tal, no necesitas que te protejan de la verdad. Pero Tira siempre ha sido así, incluso con John, siempre tratando de protegerlo. Tira habría continuado casada de no ser porque John insistió en que se divorciaran. -Yo creía que era ella quien había pedido el divorcio. -Lo hizo John en nombre de ella. Tom se pasó una mano por el cabello. Sudaba, debía ser porque hacía calor en la galería. -¿Te encuentras bien? -le preguntó Harry preocupado. -Sí, estoy bien. Era mentira, jamás volvería a estar bien. Miró a Tira con expresión de suma angustia. Ella no lo miró. Jill, notando que había un problema, se acercó a Tom y le agarró del brazo. -¿Nos vamos ya? Vamos a llegar con la ópera empezada. -Sí, vamonos -respondió Tom. Tom miró a Jill y se dio cuenta de una cosa más en contra suya: estaba saliendo con la peor enemiga de Tira en aquella ciudad. Por supuesto,lo había hecho intencionadamente, para molestar a Tira. Ahora, ‘después de conocer la verdad, se sintió culpable. -Hola. Soy Jill Sinclair, ¿nos conocemos? -preguntó Jill a Harry sonriendo. -No, no nos conocíamos. Yo... -Bueno, vamonos -interpuso Tom bruscamente-. Hasta la vista, Harry. -Bien, hasta la vista. Buenas noches. -¿Quién es? -le preguntó Jill a Tlm mientras se dirigían a la puerta. -Un viejo amigo. Oye, espera un momento, enseguida vuelvo. -¡Tom..,! -Es un momento -le prometió él.
Tom se acercó a una de las vendedoras de la galería. La petición que le hizo sorprendió a la mujer, pero accedió. Al cabo de un minuto, volvió al lado de Jill y ambos salieron de la galería. -La mitad de las esculturas están vendidas ya -murmuró Jill-. Va a ganar una fortuna con la exposición. -El dinero que saque lo va a donar a un hospital -respondió Tom en tono ausente. -Puede permitírselo. Además, ayudará a mejorar su imagen, cosa que necesita desesperadamente. -Ése no es el motivo por el que va a dar el dinero de la exposición -repuso Tom. Jill se encogió de hombros. -Lo que tú digas, querido. ¡Oh, qué frío! Sólo faltan dos semanas para la Navidad -Jill alzó el rostro para mirarlo-. Espero que me regales algo bonito. -Yo que tú no contaría con ello. Lo más seguro es que no pase aquí la Navidad -respondió Tom con poca sinceridad. Jill suspiró. —Bueno, qué se le va a hacer. Puede que vaya a Connectícut a pasar la Navidad con mi tía. ¡Me encanta la nieve! Tira vio a Tom marcharse con Jill. Se alegraba de que se hubiera ido, quizá ahora pudiera disfrutar. Lillian le estaba lanzando extrañas miradas; y cuando Harry se acercó a ella para despedirse, también parecía estar raro. -¿Qué pasa, Harry? -le preguntó Tira. Harry decidió no decir nada, era mejor que lo hiciera Tom. Además, estaba cansado de hablar del pasado, era demasiado doloroso. Harry sonrió a su nuera. -Cielo, es una magnífica exposición, vas a ganar una fortuna. -Gracias, Harry. Lo he pasado muy bien preparándola. Llámame, ¿de acuerdo? Harry se inclinó hacia ella y le dio un beso en la mejilla. -Sabes que lo haré. ¿Cómo está Charlie? -Su hermano ha sufrido un infarto. Está pasando un mal momento. -Cuánto lo siento. Charlie siempre me ha caído bien. -Le diré que le mandas recuerdos -dijo Tira. Harry sonrió. -Sí, díselo. Bueno, cuídate. -Y tú también. Hacía el final de la velada, Tira estaba más tranquila, a pesar del doloroso recuerdo de su discusión con Tom y de los insidiosos comentarios de Jill. Los imaginó a los dos en el lujoso piso de Tom entregándose a una ardiente pasión. La imagen la hizo sentirse enferma. Tom nunca la había besado, nunca la había acariciado. Tira llevaba años viviendo como una religiosa reclusa, con el corazón y el orgullo destrozados.
-¡Qué éxito! -exclamó Lilliam entusiasmada, sacando a Tira de su ensimismamiento-. Has vendido tres cuartas partes de la obra. -Sí, estoy encantada -dijo Tira con sinceridad-. Todo el dinero va a ir al Saint Marks. -Van a estar encantados. Tira estaba paseándose por la galería con el encargado. La mayoría de la gente se había marchado, algunos rezagados se estaban dirigiendo a la puerta. Tira vio que el busto de Tom tenía la señal de «vendido» y el corazón le dio un vuelco. -¿Quién lo ha comprado? -preguntó Tira-. No ha sido Jill Sinclair, ¿verdad? -No -le aseguró Lilliam-. No sé quién lo ha comprado; si quieres, puedo ir a mirar. -No, gracias, no es necesario -respondió Tira, reprimiendo su curiosidad-. Me da igual quién lo haya comprado, lo único que quiero es tenerlo fuera de mi vista. ¡Y tampoco quiero volver a ver a Tom en la vida! Lilliam suspiró, pero luego sonrió a Tira y le ofreció un café.
Otro mas :)
Siguela Virgi. Esta buens. :)
ResponderEliminarSigueeeee
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