Capítulo Tres
La semana transcurrió despacio hasta la fiesta con fines benéficos el sábado por la tarde. Iba a ser una fiesta por todo lo alto, la organizaba la familia Carlisle, una familia de alcurnia que hacía muchas benéficas para el hospital. Su enorme mansión estaba en las afueras, en el sur de San Antonio, con enormes jardines y un estanque de patos. A Tira le gustaba ir a aquella casa, pero sabía que Tom estaba en la lista de invitados. Iba a ser difícil el trato con él después de todo lo que había pasado. Iba a ser difícil aparecer en público. Sin embargo, estaba dispuesta a hacer su aparición a lo grande. Había cubierto su exquisito cuerpo con un vestido de noche de terciopelo negro con adornos de encaje en el pecho. Un alfiler de brillantes, que hacía juego con los pendientes y la gargantilla, le recogía el pelo en un moño. Tenía aspecto de mujer rica y sofisticada, y Charles le guiñó un ojo al verla aparecer con un chai de terciopelo sobre los hombros. A pesar de ser noviembre, el tiempo era excepcionalmente caluroso, por lo que el chai era suficiente. Charles también estaba muy guapo con el esmoquin, pensó Tira contemplándolo. -¿No te parece que hacemos una pareja estupenda? -murmuró Charles mirándose a sí mismo al lado de Tira en el espejo del vestíbulo-. Es una pena que no estemos enamorados. -No te preocupes, sobreviviremos a la fiesta -le aseguró ella. -Sólo si bebo lo suficiente -dijo él con triste humor. Al momento se fijó en la expresión de Tira y disculpó. -Perdona, Tira. -No es necesario qué te disculpes -respondió ella con una sonrisa-. Hice una tontería y tuve la mala suerte de que me pillaran. Aguantaré los comentarios. Pero pase lo que pase, no me dejes a solas con Tom, ¿de acuerdo? -Cuenta con ello. -No estés tan preocupada, la gente ya se ha olvidado del incidente -le dijo Charles mientras conducía en dirección a la propiedad de la familia Carlisle—. Ahora todos están ocupados con seguir el desarrollo del último escándalo político de la zona. -¿Qué escándalo político? -preguntó Tira-. ¿Y cómo estás tú enterado si has pasado una semana fuera? -Porque el ayudante de nuestro gobernador ha participado en una conferencia sobre los problemas de las ciudades en Memphis. Lo he tenido de compañero de vuelo en el viaje de vuelta -contestó Charles sin quitar los ojos de la carretera-. Al parecer, el fiscal general ha intervenido en un juicio por un favor a un amigo. Consiguió la libertad provisional para un individuo que cumplía sentencia por asalto a mano armada; pero cuando el delincuente salió, fue directamente a su casa y mató a su mujer por haber atestiguado contra él. Ahora está en la cárcel otra vez y al ayudante del gobernador van a intentar aplastarlo. -Oh, Dios mío. Pero sí el ayudante lo único que ha hecho ha sido intentar ayudar a una persona... -Cierto. Pero el partido de la oposición va a utilizarlo para crucificarlo. Según mis noticias, va a presentar la dimisión en cualquier momento. -Qué pena -dijo Tira con honestidad-. Ha hecho un trabajo magnífico. Lo conocí hace unos meses y me pareció que teníamos mucha suerte de tener alguien así. Ahora, si dimite, el gobernador tendrá que nombrar a alguien que lo sustituya. -Sí, eso es lo que hará. Un criado salió para aparcar el coche de Charles y éste se debatió entre entrar con Tira en la casa o acompañar al joven para asegurarse de que no le hiciera el menor arañazo a Big Red. -Vamos, ve con él -le dijo Tira en tono de resignación-. Te esperaré aquí, en las escaleras. -Eres un encanto -murmuró Charles, soplándole un beso-. No hay muchas mujeres que puedan comprender la pasión de un hombre por su coche. Bueno, vamos a aparcar el coche, hijo. Una expresión de indignación asomó al rostro del criado. -¡Está enamorado de su coche! -le explicó Tira-. No puede separarse de él, no se moleste por ello. El criado esbozó una amplia sonrisa y se sentó al volante. Fue mala suerte que Tom llegase mientras Tira aún esperaba a Charles a que volviera de aparcar. Estaba impresionante, como de costumbre. Llevaba la prótesis y, reflexionando, Tira notó que últimamente la llevaba puesta con gran frecuencia; pasó mucho tiempo después del accidente sin soportarla. La mujer que lo acompañaba era Jill Sinclair, una mujer de la alta sociedad, rica y divorciada dos veces, con cabello negro corto y ojos oscuros, y una figura que despertaba el interés de los hombres. Tom parecía contento con su compañera, porque le sonreía mientras subían la escalinata de la entrada. No vio a Tira hasta llegar arriba; cuando la vio, no pudo disimular su sorpresa. Tira no dejó mostrar sus sentimientos, a pesar de lo mucho que le dolía verlo; sobre todo, ahora que la prensa había expuesto al público tantos aspectos de su vida. Tira sonrió, asintió ligeramente a la pareja e, intencionadamente, se volvió en dirección a Charles y al criado, que se acercaban a la casa. Charles subió los escalones y agarró a Tira del brazo. -Perdona la tardanza -le dijo Charles. -No te preocupes, sé que adoras a tu coche -respondió ella con una cálida sonrisa-. Te comprendo. -Eres única -murmuró él. En ese instante, Charles le agarró la mano con fuerza y, cuando Tira miró al interior de la casa a través de la puerta abierta, se dio cuenta del porqué. El medio hermano de Charles estaba allí, y también su cuñada, que parecía triste. -Gene -dijo Charles a su hermano-, me alegro de verte. Se estrecharon la mano. Gene era alto, de aspecto serio y con cabellos canos. La mujer a su lado era diminuta, rubia y encantadora, y tenía la mirada castaña más trágica que Tira había visto en su vida. -Hola, Nessa -le dijo Charles a su cuñada. -Hola, Charles; hola, Tira. Los dos tenéis muy buen aspecto -respondió Nessa con voz débil y muy dulce-. A quinientos dólares la pareja, creo que van a recaudar bastante dinero. -Sí -respondió Tira con una amplia sonrisa-. Me parece que el hospital va a poder comprar dos ambulancias y también va a poder contratar los servicios de otra enfermera. -Y todo para indigentes -interpuso Gene Marlow-. Para gente incapaz de invertir un céntimo en su propia salud. Los tres lo miraron como si estuviera loco. Él, enrojeciendo y con enfadada mirada, añadió: -Si me disculpáis... tengo que ir a hablar con Todd Groves respecto a un contrato. ¡Nessa, no te quedes ahí como un palo! Venga, vamos. Nessa apretó los dientes cuando Gene la agarró del brazo. Charles parecía a punto de darle un puñetazo a su hermano ahí mismo. Tira lo agarró para evitar un escándalo. -Charles, estoy muerta de hambre -dijo rápidamente, intercambiando una mirada con Nessa-. ¡Vamos, llévame adonde está la comida! Charles vaciló un instante, momento que Gene aprovechó para arrastrar a Nessa hacia un grupo de hombres. -¡Maldito sea! -exclamó Charles entredientes, con el rostro contorsionado. Tira acarició de su mano con gentileza. -Eh, no quieres dar un espectáculo, ¿verdad? Venga, vamonos antes de que a Nessa le causes más problemas de los que ya tiene. Charles lanzó un suspiro. -¿Por qué se casó con él? ¿Por qué? -Por el motivo que sea, ya no importa. Venga, vamos. Tira lo arrastró hacia un buffet donde la comida y el champán estaban elegantemente colocados. -Los beneficios se van a ir en esto -murmuró Tira preocupada, notando que también había caviar. Charles se inclinó sobre ella. -Es sucedáneo de caviar, y el champán no es de marca. -¡Charles! -Tira no pudo evitar reír. Pero en ese momento, al levantar los ojos, se encontró con los grises de Tom, y su humor se disipó. Mientras la miraba a distancia, parecía indignado con ella, como si la culpase por lo que los periódicos habían publicado sobre ella y sobre la posible conexión de su intento de suicidio con Tom. Charles» bailaba el vals divinamente. Notó que la gente la miraba y, sin duda alguna, comentaba sobre el supuesto «intento de suicidio». Al principio, Tira se sintió incómoda, pero pronto se dio cuenta de que la opinión de la mayoría de aquella gente no le importaba. Ella sabía la verdad de lo que había pasado, y también Charles. Si los demás querían creer que era una mujer débil e indefensa incapaz de hacerle frente a la vida, allá ellos. -¿Te molesta que te vean acompañado de una mujer que tanto interés ha despertado últimamente y por un motivo nada envidiable? -bromeó Tira cuando se encontraron delante del buffet con otra copa de champán. -Las mujeres de dudosa reputación me fascinan -contestó Charles con una sonrisa. Al alzar la mirada, vio a su hermano y a Nessa, y apretó la mandíbula. Los dos se dirigían a la puerta y Nessa parecía haber llorado. -No, Charles, no puedes hacerlo -le advirtió Tira agarrándole del brazo para evitar que los siguiera. -Debería dejarle. -Esa decisión la tiene que tomar ella. Charles miró a Tira con expresión preocupada. -Nessa no es como tú, no tiene tanto valor ni es tan independiente. Es muy tímida
y tierna, y la gente se aprovecha de ella. -Y tú quieres protegerla. Lo comprendo, pero no puedes hacerlo esta noche. -¡Maldita sea! -exclamó Charles con voz ahogada, grave y ronca. Tira se inclinó sobre él para reconfortarle con su cariño. -Lo siento. No sabes cuánto lo siento. Charles le puso el brazo sobre los hombros. -Un día lo haré -prometió él. -¡Vaya, Charles, estás guapísimo! -exclamó Jill Sinclair, lo que los obligó a volverse-. ¿Qué tal lo estás pasando? -De maravilla -contestó Charles, disimulando el desagrado que esa mujer le provocaba-. ¿Y tú? -Oh, estupendamente, Tom es el acompañante perfecto -Jill suspiró y miró a Tira entrecerrando los ojos-. Últimamente vamos juntos a todas partes, hay muchas obras de caridad en esta época del año. ¿Y tú, Tira, cómo estás? Sentí mucho lo que te pasó. Evidentemente, Jill estaba disfrutando viendo a Tira tan tensa. Alzó la voz con el fin de atraer la atención de las parejas que había delante de la mesa del buffet: -Es una vergüenza que los periódicos armaran tanto revuelo sobre tu intento de suicidio. La humillación de que saquen a la luz pública los sentimientos de una debe ser horrible. Y todos esos cotilleos sobre que querías morir porque Tom no te correspondía... Pobre Tom, le sentó fatal que le pusieran de malo de la película. ¡Él no tiene la culpa de no estar enamorado de ti! El inesperado ataque había tomado a Tira por sorpresa, lo que le impidió contestar. Pero a Charles no. -Eres despreciable -le dijo con frío veneno-. ¿Por qué no vas a clavarle las garras a otro? Charles agarró del brazo a Tira y se la llevó de allí. Tom estaba hablando con un hombre, los dos se encontraban al lado de la puerta hacia la que Charles cataba llevando a Tira. Tom se interrumpió en mitad de una frase y se fijó en la palidez de tira con preocupación y curiosidad. Iba a hablar, pero Charles se le adelantó: -No te molestes en echar más leña al fuego, tu amiguita ha hecho un buen trabajo. Charles prosiguió la marcha y Tira no miró a Tom, casi ni veía por donde iba. Hasta el ataque de Jill, había creído poder sobrevivir la fiesta. -¡Vaya víbora! -murmuró Charles mientras descendían la escalinata. -El mundo está lleno de víboras -murmuró Tira-. ¡Y lo que les gusta envenenar a la gente! No había ningún criado a la vista y Charles lanzó un gruñido. -Voy a tener que ir a por el coche. No te muevas, enseguida vuelvo. -No te preocupes, estoy mejor ahora que hemos salido. Charles le lanzó una mirada preocupada e inmediatamente empezó a rodear la casa en dirección a la zona donde estaban aparcados los coches.
Tira se ciñó el chai a los hombros porque el aire era fresco. No era propio de ella perder el espíritu de lucha, pero eso era lo que le había pasado con Jill. Charles debía haberlo notado; de lo contrario, no la habría sacado de la fiesta con tanta rapidez. Se sobresaltó al oír pasos a sus espaldas, sabía que era Tom. Cerró los ojos y deseó que la tierra la tragara. -¿Qué te ha dicho? -preguntó él, sin andarse con rodeos. Tira se negó a darse la vuelta, se negó a mirarlo. La humillación de que Tom supiera lo que ella sentía por él era sofocante. Después de tantos años de adorarlo en secreto, ahora el mundo entero sabía que estaba enamorada de Tom. Y lo peor de todo era que seguía amándolo. -Te he preguntado que qué te ha dicho -repitió él plantándose delante de ella. Tira levantó los ojos y los clavó en la corbata de él, no se atrevió a mirar más arriba. -Pregúntaselo a ella. Oyó un suspiro ronco y le vio meter la mano en el bolsillo del pantalón. -Esto no es propio de ti. No tienes por costumbre huir ni llorar, diga lo que diga la gente. Te defiendes y atacas, eso es lo que haces siempre. ¿Por qué te vas ahora? Tira alzó una mirada cansada y se odió a sí misma por el vuelco que le dio el corazón al contemplar ese amado rostro. -No me importa lo que la gente piense de mí -dijo ella con voz ronca-, y mucho menos tratándose de alguien tan malicioso como tu amiguita. Y sí, de una forma u otra me he pasado la vida luchando, pero estoy cansada. Estoy cansada de todo. La falta de espíritu en Tira lo preocupó. -No puedes estar preocupada por lo que han dicho los periódicos -dijo Tom con voz profunda y extrañamente tierna. -¿No? ¿Por qué no? Todo el mundo ha creído lo que han publicado, palabra por palabra. -Pero yo te conozco mejor que ellos. Tira lo miró a los ojos y se le encogió el corazón. -No, no me conoces en absoluto, Tom. Nunca me has conocido -declaró Tira con dolor. -Creía que sí... hasta que te divorciaste de John. -Y hasta que murió. Sí, ya lo sé, para ti soy una asesina. -¡Yo no he dicho eso! -¡Pero lo piensas! -contestó ella alzando la voz, sin importarle que alguien pudiera oírlos-. ¡Si Melia hubiera muerto de forma similar a John, a mí jamás se me habría pasado por la cabeza culparte de su muerte! Te conozco lo suficiente para saber que jamás tomarías parte en algo que pudiera causar daño a otro ser humano. Pero claro, sentía por ti algo que no tenía cura. Tira se puso muy tensa y añadió: -No te hagas el tonto, Tom, no me digas que no has leído los periódicos. Y sí, es verdad, lo admito: estaba obsesionada contigo, deseaba desesperadamente estar contigo y por eso hacía todo lo que hacía. No me importaba que tú sólo me tolerases, estaba dispuesta a pasar el resto de la vida viviendo de lo que quisieras arrojarme... A Tira se le quebró la voz. Las piernas le temblaron y lanzó una carcajada de desprecio por sí misma. -¡Qué idiota he sido! ¡Qué idiota! ¡A los veintiocho años, acabo de darme cuenta de lo estúpida que soy! Tom frunció el ceño. -Tira... Ella retrocedió un paso, sus ojos verdes brillaron con orgullo. -Jill me ha contado lo que has ido diciendo por ahí, que me culpas de haber hecho que parezcas el malo de la película en público con mi supuesto intento de suicidio; además de culparme de la muerte de John, por supuesto. ¡Está bien, adelante, ódiame todo lo que quieras, ya me da igual! -Tira había perdido el control, pero no le importaba-. Ni siquiera me sorprende verte con Jill, Tom. Esa mujer tiene una mentalidad tan estrecha como tú, y también sabe cómo hacer daño. ¡Estáis hechos el uno para el otro! Tom apretó los dientes. -¿Y no te importa que esta noche esté con otra mujer en vez de contigo? -preguntó con burlona sonrisa. Tira palideció. Pero aunque le costase la vida, jamás le daría el gusto de ver cómo la estaba haciendo sufrir. Sonrió deliberadamente. -No, no me importa. Este incidente me ha servido para una cosa, para hacerme ver los años que he perdido estando pendiente de ti. Me hiciste un favor al decirme lo que realmente pensabas de mí. Ahora, por fin, estoy libre de ti, Tom -mintió Tira-. ¡Y nunca he sido tan feliz en la vida! Tras esas palabras, se apartó de él y empezó a avanzar hacia Charles, que acababa de aparecer con su coche. Cuando Charles la ayudó a subir, Tira volvió la cabeza a tiempo de ver a Tom entrando en la casa. Lo conocía lo suficiente para saber, a juzgar por su postura, que estaba furioso. ¡Estupendo! Que enfureciese, se lo merecía. -Vamos, tranquilízate -le dijo Charles con voz suave. -¡Maldito Tom y maldita ella! -exclamó Tira apoyando la cabeza en el cristal de la ventanilla. -¿Qué te ha dicho? -Me ha preguntado que qué me ha dicho Jill para después volver a darme su opinión sobre mi carácter. Pero esta vez no he dejado que se diera cuenta del daño que me ha hecho, de eso puedes estar seguro. Charles lanzó un suspiro. -¿Por qué no podemos decidir de quien nos enamoramos? -murmuró Charles filosóficamente. -No lo sé. Si alguna vez lo averiguas, dímelo. Mientras contemplaba el paisaje por
el parabrisas, Tira se sintió como si hubieran vuelto a romperle el corazón. -Ese hombre es idiota. – y Jill. Y Gene. Todos somos idiotas. Continuaron el trayecto en silencio hasta la casa de Tira. Allí, Charles apagó el motor del coche y miró preocupado a su amiga. Tira estaba muy pálida. -Vamos, entra. Luego, cámbiate de ropa y haz la maleta -dijo Charles de repente. -¿Qué? -Que nos vamos a Nassau a pasar un largo fin de semana. Es sábado, nos tomaremos tres días de vacaciones. Tengo un amigo que tiene una villa allí, y tanto a él como a su mujer les encanta que los vayan a visitar. Comeremos marisco, iremos al casino y pasaremos largas horas en la playa. ¿Qué te parece? Tira se animó al instante. -¿Lo dices en serio? -Claro. Los dos necesitamos un descanso. -De acuerdo. -Estupendo -Charles sonrió-. No tardes mucho. Mientras lo preparas todo, yo voy a casa a cambiarme y a hacer unas llamadas. Pasaré a recogerte dentro de una hora. -¡Genial! Fue maravilloso. Las breves vacaciones revivieron a Tira. Charles fue extraordinario con ella, un compañero perfecto, más un hermano que un amigo. Nassau le pareció a Tira la ciudad más excitante y cosmopolita del mundo. Estiraron el fin de semana hasta cinco días, y volvieron a San Antonio descansados y contentos, aunque Charles confesó que había echado de menos a su coche. Y para demostrarlo, decidió ir directamente a su casa después de dejar a Tira en la suya. -Te llamaré mañana por la mañana. Si te apetece, podríamos ir a jugar al tenis el sábado. -Me parece muy bien. Gracias, Charles. ¡Muchísimas gracias por todo! Charles rió. -Yo también lo he pasado muy bien. Hasta la vista. Tira entró en su casa. Una casa vacía en la que sólo la señora Lester estaba ahí para darle la bienvenida. La señora Lester lo saludó con entusiasmo. -¡Cuánto me alegro de que esté en casa! El teléfono empezó a sonar el día siguiente al que se marchó y no ha parado hasta hace tres días -la mujer sacudió la cabeza-. No comprendo por qué los periódicos están tan empeñados en seguir hablando del asunto, aunque supongo que con lo del tiroteo el martes... -¿Qué tiroteo? -Ese hombre, el que estaba en libertad vigilada porque el fiscal general se la había dado... Bueno, pues estaba en el juicio cuando, de repente, se avalanzó sobre el juez y quería estrangularlo. Bueno, pues cuando los policías fueron a sujetarlo, le quitó la pistola a uno de ellos. Tuvieron que dispararle. No han dejado de hablar de eso en televisión.
-¡Dios mío! -exclamó Tira. -El señor Kaulitz se ha visto envuelto en ello. Estaba allí porque tenía un caso cuando el prisionero se soltó. -¿Tom? ¿Lo han herido? -No, no. Fue él quien logró apartar al hombre del juez, y por eso el atacante, cuando le quitó la pistola al policía, apuntó al señor Kaulitz con ella. El pobre señor Kaulitz se ha librado de que le den un tiro de milagro. Pero nadie lo diría, en las entrevistas de televisión parecía como si no le hubiera afectado para nada. Tira se sentó en el sofá con gran alivio. Le apenaba que Tom y ella ya no fueran amigos. -El señor Kaulitz quería saber por qué no lo ha llamado por teléfono, teniendo en cuenta lo que ha pasado -comentó la señora Lester. -¿Ha llamado? -preguntó Tira conteniendo la respiración. La señora Lester asintió con la cabeza. -Quería saber si se había enterado de lo del tiroteo y si estaba preocupada, tuve que decirle que usted estaba fuera. Espero que no le moleste que se lo haya dicho, no me ha quedado más remedio. Tom debía creer que había ido a pasar unos días de vacaciones con su amante, con Charles. Bien, que pensara lo que quisiera. -No se preocupe, señora Lester. En fin, lo he pasado de maravilla en Nassau. -Ya veo que le han sentado bien las vacaciones. El señor Percy es un buen hombre. -Sí, es un hombre extraordinario -dijo Tira poniéndose en pie-. Estoy cansada, creo que voy a echarme un rato. Así que no prepare nada de comer hasta dentro de un par de horas, ¿le parece? -Por supuesto, querida. Vaya a descansar; cuando se despierte, le tendré preparados unos sandwiches y un café. Tira se dirigió a su habitación sintiéndose vacía y profundamente triste. Su condición normal, por el momento.
Hola aqui esta el cap . Disfrutenlo . Hasta pronto
Ahora que sufra Tom!
ResponderEliminarSiguelaaaa ;)
Huyy ahora a Tom le tocara sufrir x Tira, se lo merece x holgazán :S me encanto virgi espero el próximo cap..
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