lunes, 19 de diciembre de 2016

Capítulo Tres

La  semana transcurrió  despacio hasta  la fiesta con  fines  benéficos  el  sábado por la  tarde.  Iba a ser una fiesta  por  todo lo  alto, la  organizaba la familia  Carlisle, una familia  de  alcurnia  que hacía  muchas  benéficas  para el  hospital.  Su enorme  mansión estaba en  las afueras, en  el  sur  de  San  Antonio,  con  enormes jardines y un  estanque de patos.  A  Tira le  gustaba  ir a aquella  casa, pero  sabía  que Tom  estaba en  la  lista de invitados.  Iba a ser difícil el  trato con él  después  de  todo lo que había pasado. Iba  a ser  difícil aparecer  en  público. Sin  embargo, estaba dispuesta a  hacer  su  aparición  a lo  grande.  Había cubierto su exquisito  cuerpo  con  un vestido  de  noche  de terciopelo  negro con  adornos de  encaje en el pecho.  Un alfiler  de  brillantes,  que  hacía  juego  con  los  pendientes  y  la  gargantilla, le recogía  el pelo  en un  moño.  Tenía aspecto de  mujer rica y sofisticada, y  Charles le guiñó  un  ojo  al  verla aparecer  con un chai  de  terciopelo sobre los  hombros.  A  pesar  de ser  noviembre, el  tiempo era excepcionalmente  caluroso,  por  lo que el chai era suficiente. Charles también estaba muy guapo  con el  esmoquin, pensó Tira  contemplándolo. -¿No  te parece  que hacemos  una  pareja estupenda?  -murmuró  Charles  mirándose a sí mismo al lado de Tira  en  el  espejo  del vestíbulo-.  Es una pena que  no  estemos enamorados. -No te  preocupes,  sobreviviremos  a la  fiesta -le aseguró  ella. -Sólo  si bebo lo  suficiente  -dijo él  con triste  humor. Al  momento  se fijó  en la  expresión  de Tira  y  disculpó. -Perdona, Tira. -No es  necesario qué  te  disculpes  -respondió  ella  con  una  sonrisa-. Hice  una tontería  y tuve la  mala  suerte de que me pillaran.  Aguantaré  los  comentarios.  Pero pase  lo que pase, no  me dejes  a solas con Tom,  ¿de  acuerdo? -Cuenta  con  ello. -No  estés tan preocupada,  la  gente ya  se ha  olvidado  del incidente -le  dijo Charles  mientras  conducía  en dirección  a  la  propiedad de  la  familia  Carlisle—.  Ahora todos están ocupados con  seguir el  desarrollo  del  último escándalo político  de la  zona. -¿Qué  escándalo  político? -preguntó  Tira-.  ¿Y  cómo  estás  tú  enterado  si has pasado una  semana fuera? -Porque el ayudante  de nuestro  gobernador ha  participado  en  una conferencia  sobre  los problemas  de  las  ciudades  en  Memphis.  Lo he tenido de compañero  de  vuelo  en  el  viaje  de  vuelta  -contestó  Charles  sin  quitar  los  ojos  de  la carretera-. Al parecer, el  fiscal general  ha  intervenido en un juicio  por  un favor a un amigo.  Consiguió la  libertad provisional para un  individuo que  cumplía sentencia por asalto a  mano  armada;  pero cuando el delincuente salió,  fue  directamente a  su  casa  y mató  a  su  mujer  por haber  atestiguado  contra  él.  Ahora está  en  la cárcel otra  vez y al ayudante del  gobernador  van  a  intentar  aplastarlo. -Oh,  Dios mío. Pero sí  el  ayudante  lo  único que  ha  hecho ha  sido intentar  ayudar a una persona... -Cierto.  Pero  el  partido  de  la  oposición va  a utilizarlo  para crucificarlo.  Según mis noticias,  va  a  presentar  la  dimisión en  cualquier  momento. -Qué pena  -dijo  Tira  con honestidad-. Ha  hecho un trabajo magnífico. Lo  conocí hace  unos  meses y me  pareció  que  teníamos  mucha suerte  de  tener alguien así.  Ahora, si  dimite,  el gobernador  tendrá  que  nombrar a alguien que  lo sustituya. -Sí,  eso es  lo que hará. Un criado salió para  aparcar  el  coche de  Charles y  éste  se  debatió  entre entrar con  Tira  en  la casa  o  acompañar  al  joven  para  asegurarse  de  que no  le  hiciera  el menor arañazo  a  Big  Red. -Vamos, ve  con  él -le  dijo  Tira  en  tono  de  resignación-.  Te esperaré  aquí, en  las escaleras. -Eres un encanto -murmuró Charles,  soplándole  un  beso-.  No  hay  muchas  mujeres que  puedan  comprender  la  pasión  de  un  hombre  por  su  coche.  Bueno,  vamos  a  aparcar el coche,  hijo. Una  expresión de  indignación  asomó  al  rostro  del  criado. -¡Está enamorado  de su coche! -le  explicó  Tira-.  No puede separarse  de él, no  se moleste  por  ello. El criado esbozó  una amplia  sonrisa  y se  sentó al  volante. Fue  mala suerte que Tom llegase mientras Tira aún  esperaba a Charles a que volviera  de  aparcar.  Estaba impresionante,  como de  costumbre. Llevaba la prótesis  y, reflexionando,  Tira notó que últimamente la  llevaba puesta  con  gran frecuencia; pasó mucho tiempo después  del  accidente sin soportarla. La  mujer  que lo  acompañaba era  Jill  Sinclair, una  mujer  de la  alta  sociedad, rica  y divorciada dos  veces,  con cabello negro corto y ojos  oscuros, y  una  figura que despertaba  el  interés de  los hombres.  Tom parecía  contento  con su compañera, porque le  sonreía  mientras  subían  la  escalinata  de la  entrada. No vio a Tira  hasta llegar  arriba; cuando  la vio,  no pudo  disimular  su  sorpresa. Tira no  dejó mostrar  sus  sentimientos, a pesar de lo mucho que le  dolía verlo; sobre  todo, ahora  que la prensa  había  expuesto  al  público  tantos  aspectos de  su  vida. Tira  sonrió,  asintió  ligeramente  a la  pareja e, intencionadamente,  se  volvió en  dirección a Charles y  al  criado, que  se acercaban  a  la  casa. Charles  subió  los  escalones  y  agarró a  Tira  del brazo. -Perdona la  tardanza -le  dijo Charles. -No  te  preocupes,  sé  que  adoras  a  tu  coche -respondió ella con una  cálida sonrisa-. Te  comprendo. -Eres única  -murmuró  él. En  ese instante,  Charles le agarró  la  mano  con fuerza y,  cuando  Tira  miró  al interior de la casa  a través de la puerta abierta,  se  dio cuenta  del  porqué.  El  medio hermano  de  Charles estaba allí, y  también su  cuñada,  que parecía  triste. -Gene  -dijo  Charles a  su hermano-,  me alegro  de  verte. Se estrecharon  la  mano. Gene  era  alto, de  aspecto serio  y con  cabellos canos.  La mujer  a su  lado era  diminuta, rubia y  encantadora, y  tenía  la  mirada castaña  más trágica  que Tira  había visto en  su  vida. -Hola,  Nessa  -le  dijo  Charles a  su  cuñada. -Hola, Charles;  hola, Tira. Los  dos tenéis  muy  buen  aspecto  -respondió  Nessa  con voz débil y  muy dulce-.  A quinientos  dólares la pareja, creo  que van a  recaudar bastante dinero. -Sí -respondió  Tira con  una amplia  sonrisa-.  Me  parece que el  hospital  va  a  poder comprar  dos ambulancias y también va  a  poder contratar los servicios de  otra enfermera. -Y todo para  indigentes  -interpuso Gene  Marlow-.  Para  gente  incapaz  de  invertir un  céntimo en  su  propia salud. Los  tres  lo  miraron como si  estuviera loco.  Él, enrojeciendo  y con  enfadada mirada,  añadió: -Si  me disculpáis... tengo  que ir  a  hablar con  Todd Groves  respecto  a un  contrato. ¡Nessa, no te  quedes ahí  como  un  palo! Venga,  vamos. Nessa  apretó  los dientes cuando  Gene  la  agarró  del brazo. Charles parecía  a punto de  darle un  puñetazo  a  su hermano ahí mismo.  Tira lo  agarró  para evitar  un escándalo. -Charles, estoy  muerta  de hambre  -dijo  rápidamente,  intercambiando  una mirada con Nessa-.  ¡Vamos, llévame adonde está  la  comida! Charles  vaciló  un  instante,  momento  que  Gene  aprovechó  para  arrastrar  a  Nessa hacia  un  grupo de  hombres. -¡Maldito sea!  -exclamó Charles  entredientes,  con el  rostro contorsionado. Tira  acarició de su  mano  con  gentileza. -Eh,  no  quieres  dar  un  espectáculo,  ¿verdad? Venga,  vamonos  antes  de  que  a Nessa  le causes  más  problemas  de los  que  ya  tiene. Charles lanzó  un  suspiro. -¿Por qué  se  casó  con  él? ¿Por  qué? -Por  el  motivo  que  sea,  ya  no  importa.  Venga,  vamos. Tira lo  arrastró  hacia un buffet  donde  la  comida  y el champán  estaban elegantemente  colocados. -Los  beneficios se  van  a  ir  en esto -murmuró  Tira preocupada, notando  que también había caviar. Charles se inclinó  sobre  ella. -Es  sucedáneo  de  caviar, y  el champán  no  es de  marca. -¡Charles! -Tira no  pudo evitar  reír. Pero  en ese momento,  al  levantar  los  ojos, se  encontró  con los grises de  Tom,  y su humor se  disipó.  Mientras la miraba a distancia,  parecía indignado con  ella, como  si la culpase  por lo  que  los  periódicos habían publicado  sobre  ella  y sobre  la posible conexión  de su intento  de  suicidio  con  Tom. Charles»  bailaba el vals divinamente.  Notó  que  la  gente la  miraba  y, sin duda alguna,  comentaba sobre el  supuesto  «intento de  suicidio». Al  principio,  Tira  se  sintió incómoda,  pero pronto se  dio  cuenta  de  que  la opinión  de  la mayoría de  aquella  gente  no le importaba.  Ella  sabía  la  verdad  de lo  que  había  pasado,  y también  Charles.  Si  los demás  querían  creer que era una  mujer débil e  indefensa incapaz de  hacerle frente  a la vida,  allá  ellos. -¿Te  molesta que te  vean acompañado de una mujer  que tanto interés ha despertado  últimamente  y  por  un motivo nada envidiable?  -bromeó Tira  cuando  se encontraron delante  del  buffet con  otra  copa de  champán. -Las  mujeres de dudosa reputación me  fascinan -contestó Charles  con una sonrisa. Al  alzar la  mirada,  vio a  su  hermano  y a  Nessa,  y apretó  la  mandíbula.  Los  dos  se dirigían  a  la puerta  y Nessa  parecía  haber  llorado. -No,  Charles,  no  puedes  hacerlo  -le  advirtió  Tira  agarrándole  del  brazo  para evitar que los  siguiera. -Debería dejarle. -Esa  decisión  la tiene  que tomar ella. Charles  miró  a Tira  con  expresión  preocupada. -Nessa  no es  como  tú, no  tiene  tanto  valor  ni es tan independiente.  Es  muy  tímida
y tierna, y la  gente se  aprovecha de  ella. -Y  tú quieres  protegerla. Lo  comprendo, pero  no puedes  hacerlo  esta noche. -¡Maldita  sea!  -exclamó  Charles  con  voz ahogada,  grave y  ronca. Tira se  inclinó sobre él  para reconfortarle con su cariño. -Lo  siento.  No  sabes cuánto  lo siento. Charles le puso el  brazo  sobre los hombros. -Un  día  lo  haré  -prometió él. -¡Vaya,  Charles, estás guapísimo! -exclamó  Jill  Sinclair,  lo que  los obligó a volverse-.  ¿Qué tal lo estás  pasando? -De  maravilla  -contestó Charles, disimulando el desagrado  que esa mujer  le provocaba-. ¿Y  tú? -Oh,  estupendamente,  Tom  es  el  acompañante  perfecto  -Jill  suspiró y miró  a Tira entrecerrando los  ojos-.  Últimamente  vamos juntos  a todas partes,  hay muchas obras de  caridad en esta época  del  año. ¿Y  tú,  Tira, cómo  estás?  Sentí  mucho lo  que  te pasó. Evidentemente,  Jill estaba disfrutando  viendo  a  Tira  tan  tensa.  Alzó  la  voz  con el fin  de  atraer la  atención  de  las  parejas  que había delante  de  la  mesa  del  buffet: -Es una vergüenza que los periódicos armaran tanto  revuelo  sobre tu  intento  de suicidio.  La  humillación  de  que saquen  a  la  luz pública  los sentimientos  de una debe  ser horrible.  Y  todos esos cotilleos  sobre  que  querías  morir  porque Tom no  te correspondía... Pobre Tom, le  sentó  fatal  que le  pusieran  de  malo  de  la  película.  ¡Él  no tiene la  culpa de no estar  enamorado de ti! El inesperado  ataque  había tomado  a Tira  por  sorpresa, lo  que  le  impidió contestar.  Pero  a  Charles no. -Eres  despreciable  -le  dijo  con  frío  veneno-.  ¿Por  qué  no  vas a  clavarle las garras a otro? Charles  agarró  del brazo a  Tira  y se  la  llevó de allí. Tom  estaba hablando  con un hombre,  los  dos se  encontraban al  lado de  la puerta hacia la  que Charles  cataba llevando  a Tira.  Tom  se  interrumpió en mitad de una frase  y se fijó  en  la  palidez de  tira con  preocupación  y  curiosidad. Iba a hablar, pero  Charles se  le  adelantó: -No te  molestes en echar  más leña  al fuego,  tu  amiguita ha hecho un  buen trabajo. Charles  prosiguió  la  marcha  y  Tira  no  miró  a  Tom,  casi  ni  veía  por  donde  iba. Hasta el  ataque de Jill,  había  creído  poder sobrevivir la  fiesta. -¡Vaya  víbora!  -murmuró Charles mientras  descendían  la escalinata. -El  mundo está lleno de  víboras  -murmuró  Tira-.  ¡Y lo  que les  gusta  envenenar  a  la gente! No había ningún criado a  la  vista  y  Charles  lanzó un gruñido. -Voy  a  tener que  ir  a por el coche. No  te  muevas,  enseguida vuelvo. -No te  preocupes,  estoy  mejor  ahora  que hemos  salido. Charles  le lanzó  una mirada preocupada  e inmediatamente  empezó  a  rodear  la casa  en  dirección  a la  zona  donde estaban aparcados los coches.
Tira  se  ciñó  el chai a  los hombros  porque  el aire  era fresco. No  era  propio de  ella perder el espíritu de  lucha, pero eso  era lo que  le  había pasado  con  Jill. Charles  debía haberlo notado;  de lo  contrario, no la  habría sacado de  la fiesta  con tanta rapidez. Se  sobresaltó al  oír pasos a sus espaldas,  sabía que era  Tom.  Cerró los  ojos y deseó que  la tierra  la tragara. -¿Qué  te ha dicho?  -preguntó  él, sin andarse con  rodeos. Tira se negó  a darse la vuelta,  se negó a mirarlo. La humillación  de  que Tom supiera lo  que  ella  sentía  por  él  era sofocante.  Después  de tantos  años de  adorarlo en secreto,  ahora el  mundo entero sabía que estaba enamorada  de  Tom.  Y  lo  peor de todo era que  seguía  amándolo. -Te he  preguntado  que  qué  te  ha  dicho -repitió  él  plantándose delante  de  ella. Tira levantó los ojos y los clavó  en  la corbata de él, no  se  atrevió  a mirar más arriba.   -Pregúntaselo a ella. Oyó  un  suspiro  ronco y le vio meter la mano en  el  bolsillo  del pantalón. -Esto  no  es  propio  de  ti. No  tienes  por  costumbre huir  ni  llorar,  diga  lo  que  diga la gente. Te  defiendes  y atacas, eso es  lo  que haces  siempre.  ¿Por  qué  te  vas  ahora? Tira alzó una mirada  cansada y se  odió a sí  misma  por  el  vuelco  que le dio  el corazón  al  contemplar  ese  amado  rostro. -No me  importa lo que  la gente piense de mí  -dijo  ella  con voz ronca-, y mucho menos tratándose de alguien tan  malicioso  como  tu  amiguita.  Y sí, de una  forma  u otra me he pasado  la vida luchando, pero  estoy  cansada. Estoy  cansada de  todo. La  falta  de  espíritu  en  Tira  lo  preocupó. -No  puedes  estar preocupada por  lo  que han  dicho los periódicos  -dijo  Tom con voz profunda  y extrañamente tierna. -¿No? ¿Por  qué no? Todo el mundo ha creído lo que han publicado,  palabra por palabra. -Pero  yo  te  conozco mejor que ellos.  Tira lo  miró  a  los ojos  y se le  encogió el corazón. -No, no  me  conoces en  absoluto, Tom.  Nunca  me  has  conocido -declaró Tira  con dolor. -Creía  que sí... hasta  que te  divorciaste  de  John. -Y hasta  que murió.  Sí,  ya lo  sé, para  ti  soy  una  asesina. -¡Yo  no  he dicho eso! -¡Pero  lo  piensas! -contestó  ella  alzando  la  voz, sin  importarle  que alguien pudiera oírlos-. ¡Si  Melia hubiera  muerto  de forma similar a  John, a mí jamás  se  me  habría pasado por  la cabeza  culparte de su muerte!  Te conozco  lo  suficiente para saber que jamás  tomarías  parte en algo  que pudiera causar  daño a  otro  ser humano. Pero claro,  sentía  por ti algo  que no tenía cura. Tira  se  puso  muy  tensa  y  añadió: -No  te  hagas  el  tonto,  Tom,  no  me  digas  que  no  has  leído  los  periódicos. Y  sí, es verdad,  lo admito:  estaba obsesionada contigo,  deseaba desesperadamente estar contigo y  por eso hacía todo  lo  que  hacía.  No  me importaba que  tú  sólo  me  tolerases, estaba dispuesta a pasar  el  resto  de la  vida  viviendo de lo  que quisieras  arrojarme... A  Tira  se  le  quebró la  voz.  Las  piernas le  temblaron y  lanzó una carcajada de desprecio por sí  misma. -¡Qué idiota  he sido!  ¡Qué idiota!  ¡A  los veintiocho  años, acabo  de darme  cuenta de lo  estúpida que  soy! Tom frunció  el ceño. -Tira... Ella  retrocedió  un  paso, sus ojos verdes  brillaron con  orgullo. -Jill  me  ha  contado  lo  que has  ido  diciendo  por  ahí, que me  culpas de  haber  hecho que  parezcas  el malo  de  la película en público  con mi  supuesto intento  de suicidio; además de culparme  de la  muerte de  John,  por  supuesto. ¡Está bien, adelante,  ódiame todo  lo  que  quieras,  ya  me  da  igual!  -Tira  había  perdido  el  control,  pero  no  le  importaba-.  Ni siquiera me  sorprende verte  con Jill,  Tom.  Esa mujer tiene una  mentalidad tan  estrecha como tú,  y también  sabe cómo hacer daño.  ¡Estáis  hechos  el uno para el otro! Tom apretó los dientes. -¿Y no  te  importa que esta  noche esté con otra mujer  en vez  de  contigo? -preguntó  con burlona sonrisa. Tira palideció.  Pero  aunque  le  costase la  vida, jamás  le  daría  el  gusto de  ver  cómo la  estaba haciendo  sufrir.  Sonrió  deliberadamente. -No,  no  me importa.  Este  incidente me  ha servido para  una cosa,  para hacerme ver  los  años  que he  perdido  estando pendiente  de ti.  Me  hiciste  un  favor  al  decirme  lo que realmente pensabas  de  mí. Ahora,  por  fin,  estoy  libre  de  ti,  Tom  -mintió  Tira-.  ¡Y nunca he  sido  tan  feliz  en  la  vida! Tras  esas  palabras, se  apartó  de él y  empezó a  avanzar hacia  Charles, que acababa  de aparecer con  su  coche. Cuando  Charles la  ayudó a  subir,  Tira  volvió  la cabeza  a tiempo de  ver a  Tom entrando  en  la  casa.  Lo  conocía  lo  suficiente  para  saber,  a  juzgar  por  su  postura,  que estaba furioso. ¡Estupendo!  Que enfureciese,  se  lo merecía. -Vamos, tranquilízate  -le  dijo Charles con  voz  suave. -¡Maldito  Tom  y  maldita  ella! -exclamó Tira  apoyando  la  cabeza en  el  cristal de la ventanilla. -¿Qué  te ha  dicho? -Me ha preguntado  que  qué me  ha dicho  Jill  para  después  volver  a darme  su opinión  sobre mi  carácter. Pero esta vez no he  dejado  que  se diera  cuenta del  daño  que me ha hecho,  de eso puedes  estar  seguro. Charles lanzó  un  suspiro. -¿Por qué  no podemos decidir de  quien nos enamoramos? -murmuró  Charles filosóficamente. -No  lo  sé.  Si  alguna  vez  lo  averiguas, dímelo.  Mientras  contemplaba  el paisaje  por
el  parabrisas, Tira  se  sintió  como  si hubieran vuelto  a romperle el  corazón. -Ese  hombre  es idiota. – y Jill. Y  Gene. Todos  somos idiotas. Continuaron  el  trayecto  en silencio  hasta  la  casa  de  Tira.  Allí, Charles  apagó  el motor del  coche y miró preocupado  a  su  amiga. Tira estaba muy pálida. -Vamos,  entra. Luego,  cámbiate de ropa  y haz  la maleta  -dijo  Charles  de  repente. -¿Qué? -Que nos vamos a Nassau  a pasar un  largo fin de semana. Es  sábado, nos tomaremos  tres días de  vacaciones.  Tengo  un  amigo que  tiene  una  villa  allí, y  tanto a  él como a su  mujer  les  encanta que  los vayan  a  visitar.  Comeremos  marisco,  iremos  al casino  y  pasaremos  largas  horas  en la playa. ¿Qué te  parece? Tira  se  animó  al  instante. -¿Lo  dices en  serio? -Claro. Los  dos necesitamos un descanso. -De  acuerdo. -Estupendo  -Charles  sonrió-.  No tardes mucho.  Mientras  lo  preparas todo,  yo  voy a casa  a  cambiarme y a  hacer unas  llamadas. Pasaré  a  recogerte  dentro de una  hora. -¡Genial! Fue  maravilloso. Las breves  vacaciones revivieron a Tira. Charles  fue extraordinario  con  ella, un  compañero  perfecto,  más un  hermano  que un amigo.  Nassau le  pareció a Tira  la ciudad  más excitante y cosmopolita del  mundo. Estiraron  el fin  de  semana  hasta  cinco  días, y  volvieron  a  San Antonio descansados y  contentos,  aunque  Charles  confesó  que había echado de  menos a  su coche.  Y  para  demostrarlo,  decidió  ir  directamente  a  su  casa  después de  dejar a  Tira en la  suya. -Te  llamaré  mañana por  la  mañana.  Si  te  apetece,  podríamos  ir a  jugar  al  tenis  el sábado. -Me parece  muy bien.  Gracias,  Charles.  ¡Muchísimas gracias por  todo!  Charles  rió. -Yo también  lo he pasado  muy bien. Hasta la  vista. Tira entró  en su casa.  Una casa  vacía en  la que sólo la señora Lester  estaba ahí para  darle  la  bienvenida. La  señora  Lester  lo  saludó  con  entusiasmo. -¡Cuánto  me alegro de  que esté  en casa!  El  teléfono  empezó a sonar el día siguiente  al  que  se  marchó  y  no  ha  parado  hasta  hace  tres  días  -la  mujer  sacudió  la cabeza-.  No comprendo  por  qué los  periódicos  están tan empeñados  en  seguir  hablando del  asunto, aunque  supongo que  con  lo del  tiroteo el  martes... -¿Qué  tiroteo? -Ese  hombre,  el  que estaba en libertad  vigilada porque  el  fiscal general  se  la había  dado...  Bueno, pues  estaba  en el  juicio  cuando,  de  repente, se  avalanzó sobre el juez y quería estrangularlo.  Bueno, pues cuando los policías fueron a  sujetarlo, le  quitó la pistola  a  uno de ellos.  Tuvieron  que dispararle. No  han dejado  de  hablar de eso en televisión.
-¡Dios mío! -exclamó  Tira. -El  señor Kaulitz  se  ha visto envuelto  en ello.  Estaba allí porque  tenía un  caso cuando  el  prisionero  se  soltó. -¿Tom?  ¿Lo han  herido? -No, no. Fue él quien logró apartar  al hombre  del  juez, y por eso  el  atacante, cuando le quitó  la  pistola  al policía, apuntó  al  señor Kaulitz con  ella.  El  pobre  señor Kaulitz se ha  librado  de  que le  den  un  tiro  de  milagro.  Pero  nadie lo  diría, en  las entrevistas  de televisión  parecía como  si no  le hubiera  afectado para nada. Tira  se  sentó  en  el  sofá  con  gran  alivio. Le  apenaba  que  Tom y  ella ya no  fueran amigos. -El  señor Kaulitz quería  saber por qué  no  lo  ha llamado  por  teléfono, teniendo  en cuenta lo  que ha pasado  -comentó  la señora Lester. -¿Ha llamado?  -preguntó  Tira  conteniendo la  respiración. La  señora  Lester asintió  con  la  cabeza. -Quería saber si se había enterado  de  lo  del  tiroteo  y si estaba  preocupada, tuve que decirle que usted estaba fuera. Espero  que no le  moleste que se  lo  haya dicho, no me ha quedado  más remedio. Tom debía  creer que había  ido  a pasar  unos  días de  vacaciones con su amante, con Charles.  Bien,  que pensara  lo que  quisiera. -No se  preocupe,  señora Lester. En  fin,  lo  he  pasado  de maravilla  en Nassau. -Ya veo que le han sentado  bien las  vacaciones. El señor  Percy  es  un  buen hombre. -Sí,  es  un  hombre extraordinario  -dijo  Tira  poniéndose  en pie-.  Estoy cansada, creo  que voy a  echarme un rato.  Así que no  prepare nada de  comer  hasta dentro  de un par  de horas, ¿le  parece? -Por  supuesto, querida.  Vaya a  descansar;  cuando  se despierte,  le  tendré preparados  unos  sandwiches  y un  café. Tira se  dirigió a su  habitación  sintiéndose vacía y profundamente triste.  Su condición normal, por  el momento.

Hola aqui esta el cap . Disfrutenlo . Hasta pronto

2 comentarios:

  1. Huyy ahora a Tom le tocara sufrir x Tira, se lo merece x holgazán :S me encanto virgi espero el próximo cap..

    ResponderEliminar