Prólogo
Tom
Kaulitz estaba sentado solo en la segunda fila, reservada para los miembros de
la familia. No estaba emparentado con John Beck, pero eran amigos íntimos desde
la universidad. John había sido su único amigo de verdad y ahora estaba muerto.
Y allí estaba ella, como un ángel moreno cubierta con un velo negro fingiendo
llorar la muerte de un esposo al que había rechazado al mes de casarse.
Tom
cruzó sus largas piernas, cambiando de postura en el incómodo banco. Le
dolía la
parte donde su brazo terminaba, debajo del codo. Llevaba la manga subida y sujeta
con un imperdible porque no soportaba la prótesis que disimulaba su mutilación.
Era
guapo incluso faltándole un brazo, con espesos cabellos negros ondulados y ojos
cafeces muy claros. Era alto y bien formado, todo energía y dinamismo. Había
sido fiscal general del estado de Texas y un reconocido abogado a nivel
nacional, además de ser uno de los propietarios del rancho Kaulitz, que valía
millones de dólares. Él y sus hermanos eran tan conocidos en los círculos
ganaderos como Tom en el mundo de la jurisprudencia. Era sumamente rico, pero
el dinero no podía remediar su soledad. Su esposa había muerto en el mismo
accidente que a él le había costado el brazo y que ocurrió justo después del
matrimonio de Tira con John Beck.
Tira le
había cuidado en el hospital, lo que había desencadenado las habladurías; incluso
se le llegó a considerar la causa del divorcio. Una estupidez, porque no quería
tener nada que ver con Tira. Tan solo una semana después del divorcio se la
veía por todas partes con Charles Percy, un playboy. Percy le gustaba tan poco
como Tira. Era raro que Percy no estuviera en el funeral, quizá tuviera un
mínimo de decencia.
Tom se
preguntó si Tira se daba cuenta de la opinión que tenía de ella. Por
supuesto,
debía mostrarse amable con ella en público, pero la despreciaba por lo que le había
hecho a John. Tira era una mujer egoísta y sin sentimientos; de no ser así, ¿habría
dejado a John al mes de haberse casado? ¿Y le habría permitido ir solo a esa peligrosa
plataforma petrolífera en el Atlántico Norte donde esperaba olvidarla? John había
muerto allí esa semana en un trágico accidente, ahogado en las gélidas aguas.
Tom no
podía evitar pensar que John quería morir. Las cartas que había
recibido
de su amigo estaban llenas de desconsuelo, soledad, aislamiento, y falta de amor
y felicidad.
La miró
y se preguntó cómo podía el padre de John soportar estar sentado así
junto a
ella, tomándole la mano como si la estuviera consolando por la pérdida de su propio
hijo, su único hijo. Debía estar haciéndolo por evitar habladurías, concluyó
Tom con enfado.
Miró al
ataúd y parpadeó. Era el final de una época para él. Primero había perdido a
Melia, su esposa, y también había perdido su brazo; y ahora había perdido a
John.
Era rico
y tenía éxito, pero no tenía a nadie con quien compartirlo. Se preguntó si Tira
se sentía culpable por lo que le había hecho a John. No creía que fuera así.
Era una mujer exuberante, vital, extrovertida y veleidosa. Hacía tiempo que se
había fijado en ella, por lo que se odiaba a sí mismo. Tira era alta, hermosa,
con un precioso cabello rojizo dorado que le llegaba hasta la cintura, ojos
verdes claros y una figura de revista de modas. Podía haber sido modelo, pero
era sorprendentemente tímida para ser una mujer tan bonita.
Tom ya
estaba casado cuando la conoció, y a él se debía que John la invitara a
salir la
primera vez. A Tom le habían parecido compatibles, los dos eran ricos y
agradables.
Y el matrimonio le pareció una idea maravillosa, hasta que llegó el divorcio.
Tom
nunca habría admitido que prácticamente arrojó a Tira en brazos de John y viceversa,
quizá para evitar la tentación. Se decía a sí mismo que Tira representaba todo
lo que odiaba en una mujer, pero no podía evitar desearla cada vez que la veía,
y era algo no exclusivamente físico.
Cuando
el funeral acabó, Tira salió agarrada del brazo del padre de John. El
hombre
de avanzada edad saludó a Tom. Tira no lo miró, estaba llorando.
Simón no
miró en dirección a ella cuando se metió en su limusina para ir a la
oficina.
No iba a ir al entierro, no podía soportar ni un minuto más la actuación
teatral de Tira.
HOLA!! BUENO AQUI ESTA EL PROLOGO .. AGREGARE DE UNO EN UNO PORQUE MI COMPUTADORA ANDA MAL Y NO AGUANTA A ESTAR PRENDIDA TANTO TIEMPO ... TAMBIEN PUEDE SER QUE NO AGREGE SEGUIDO ... ESPEREN NO SE DESESPEREN VALE? BUENO HASTA PRONTO Y BIENVENIDAS :))
Virgii me encantooo!
ResponderEliminarSiguelaaaa :)
Me encanto esta muy buena.. síguela espero el próximo cap..
ResponderEliminarCuando vas a subir el primer cap virgi??? me muero x leerlo..
ResponderEliminarSigieeee
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